Querida mamá,
Llevo ya una semana en esta moderna ciudad, y he de decirte que estoy encantada. Había escuchado hablar tanto de Vigo que ahora no comprendo cómo no abandoné el pueblo antes.
Hace dos días que empecé a trabajar en las oficinas de la empresa “Tranvías Eléctricos de Vigo”, el señor director, es una persona muy competente al igual que el resto de compañeros.
Al final tuviste buena idea al comprar la máquina de escribir, aunque fuera pagándola a plazos, e inscribirme en la academia de la señora Nita. Tengo mucha soltura con la máquina y me ha venido muy bien para conseguir este trabajo, porque era condición imprescindible saber escribir a máquina para optar a este puesto de trabajo.
Estoy alojada en el Hotel Junquera, porque al no conocer la ciudad, decidí que lo mejor sería alojarme en el centro, ya que al fin y al cabo, el traslado en tranvía me sale muy económico gracias a los descuentos, y ya me he enterado que los conductores si saben que eres uno de ellos hacen la vista gorda.
Estoy pensando en coger una habitación, porque a una chica como yo dudo que alguien le quiera alquilar un piso, y ya sé lo que piensas de que me vaya a vivir sola, pero mamá, los tiempos cambian, y las ciudades tan modernas como está son distintas al pueblo. Aquí todo es rapidez, la gente va de un lado para otro, se respira modernidad.
El sábado he ido andando al monte del Castro desde donde se ve toda la ciudad, y me he quedado impresionada ante la belleza de la ría. Hay una cafetería y un restaurante y aquel que puede y tiene puede subir en coche. Ver la puesta de sol, desde el punto más alto, justo en donde está la emisora La Voz de Vigo es maravilloso.
Para la semana te escribo y espero poder contarte muchas cosas.
Besos de tu hija.



